La obra de la evangelización.

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La obra de la evangelización.

Me gustaría compartir contigo una reflexión sobre las Constituciones de mi congregación religiosa: la Congregación del Santísimo Redentor. Hoy voy a hablar sobre las constituciones que van desde el número 6 hasta el 10. Eso significa que todavía estamos en el principio de las Constituciones (en el capítulo 1, sección 2). El capítulo 1 habla en general sobre el servicio misionero de la Congregación, pero estas 5 constituciones (las que van de la 6 hasta la 10) nos ofrecen una visión sobre el trabajo de la evangelización llevada a cabo por los redentoristas.

¿Qué tiene de especial la constitución 6 para mí? Trata sobre la particular comprensión de la Buena Nueva de la Salvación. El Evangelio es un don excepcional de Dios para nosotros, y nosotros, como redentoristas, recibimos este privilegio de proclamar la Buena Nueva para todo el mundo como el mensaje de nuestro Dios que desea nuestra salvación. En otras palabras: Dios quiere nuestra felicidad. Así, podemos proclamar el Evangelio y su mensaje salvífico, es decir, el kerigma. Podemos decir que el kerigma es la proclamación inicial del Evangelio orientada a presentar a Cristo a una persona y para llamarla a la conversión. 

Esta felicidad, es decir, la Redención no está reservada solamente para nuestra dimensión espiritual. Dicha constitución nos dice que la Redención afecta a persona entera. El antiguo concepto de ser humano en el mensaje misionero privilegiaba el componente espiritual de nuestra vida. Antes solíamos hablar muy frecuentemente sobre “la salvación del alma”, o sobre que éramos enviados a “las almas más abandonadas”. Ahora sabemos muy bien que debemos hablar y pensar sobre la unidad de la persona humana, y no sólo sobre unos aspectos específicos. Nuestra predicación, el mensaje, debe tocar la dimensión escatológica integral.

Del mismo modo, otro aspecto interesante es que la constitución número 6 habla sobre “la nueva tierra y el nuevo cielo” (recordamos estas palabras del Apocalipsis). Este gran don de la redención es para todos. Antes nos dirigíamos principalmente a los individuos. Los términos tradicionales tales como “los novísimos” o “las máximas eternas” estaban conectados al propio esfuerzo por la propia salvación; sin embargo, somos comunidad, y nuestro Padre bueno preparó para todos nosotros la nueva tierra y el nuevo cielo. 

La constitución acentúa mucho la dimensión trinitaria del plan salvífico: el amor de Dios Padre, quien nos amó primero; Jesús, el Redentor y Señor; y el Espíritu Santo, quien da vida a todo el que cree en Él. Nosotros, los redentoristas, tenemos un vocabulario muy característico de la espiritualidad redentorista; así, usamos en esta constitución palabras como: el Redentor, la Redención, la Redención copiosa, etc. 

El mensaje del texto está conectado con la misericordia, con la redención misericordiosa. Nosotros, como misioneros, queremos predicar más sobre el perdón que sobre la condenación, más sobre la compasión hacia el pecador y sobre la redención gozosa. Tenemos el ejemplo del fundador, san Alfonso, que nunca dejó marchar a nadie de la confesión sin darle la absolución. 

Las constituciones 7-10 hablan sobre la Evangelización misma. En cierta manera, esta parte trata sobre nuestra metodología misionera. La constitución número 7 presenta el presupuesto básico de la evangelización. Siempre tenemos que recordar que la salvación es un don, es una gracia. Es la gracia de Dios. Y esta gracia actúa siempre de manera que va más allá de las instituciones y estructuras visibles. Como misioneros, nunca empezamos de “cero”. La gracia de la redención está en todas partes y queremos que la gente se dé cuenta de que esta gracia está cerca de todos nosotros. En algunas partes del mundo, hoy en día, la gente pierde la capacidad de ver la realidad espiritual; sin embargo, esto no significa que la redención no exista, o que la salvación no esté presente. Los redentoristas somos tocados por el amor de Dios en nuestras vidas y, por eso, queremos compartir esta felicidad con los demás. Así, la constitución dice que somos el testimonio de la Buena Nueva de la gracia de Dios.

Las constituciones 8-10 hablan sobre varios pasos para llevar a cabo la Evangelización, así como sobre el espíritu que debería acompañar a la evangelización. Podríamos llamar a la constitución 8 como la Estrategia Misionera. A pesar de su brevedad, la constitución presenta la metodología misionera en comparación con la Regla y las Constituciones antiguas. Esta constitución dice: “Según las circunstancias se interrogarán constantemente qué es lo que conviene hacer o decir (…)”. Los Redentoristas viven en comunidades misioneras en más de 80 países de todos los continentes. También tenemos muchos laicos: hombres y mujeres que colaboran en nuestra misión, y juntos forman la Familia Redentorista. Así pues, vivimos en distintas partes del mundo y, debido a la variedad de situaciones y culturas de la gente, debemos elegir el modo de evangelizar, lo que podemos hacer en ese lugar. A menudo podemos anunciar explícitamente a Cristo, pero a veces podemos proclamarlo por medio de nuestro testimonio silencioso de presencia fraterna.

La siguiente constitución, la número 9, trata de este tema un poco más, sobre las diferentes circunstancias en las distintas partes del mundo; siempre tenemos la oportunidad de evangelizar, del modo que sea. En ciertos lugares podemos solamente dar testimonio de la caridad de Cristo y, de esta manera, estamos preparando los caminos para la abundancia de la Redención. Necesitamos distintos enfoques en el planteamiento misionero tanto como una nueva estrategia misionera. De vez en cuando basta simplemente la presencia entre la gente, y esta presencia dará el testimonio verdadero del Evangelio de Cristo, y, quizás, en el futuro este testimonio cambie algo. Podemos decir que estamos sólo ante la pre-evangelización; sin embargo, esta pre-evangelización también es muy esencial. Siempre tenemos que recordar que la Redención es un don de Dios y sólo Él sabe el tiempo, el lugar y la mejor manera de preparar a la gente para este don.

La constitución 10 para mí es importante, porque ofrece algo así como una definición de nuestro objetivo. Dice: “Pues los redentoristas tienen como misión primordial en la Iglesia la proclamación explícita de la Palabra de Dios en orden a la conversión fundamental”. De hecho, lo que hemos dicho sobre el testimonio de la evangelización en la constitución 9 no es de por sí el final, sino que es más bien el comienzo hacia la predicación explícita de la que se habla en la constitución 10. “El testimonio de vida y de caridad lleva al testimonio de la Palabra.” Dios tiene un gran sueño y a nosotros también nos dio este don de soñar para aprovecharlo cuando evangelizamos. Pidamos, pues, buena inspiración y ayuda de Dios a la hora de buscar nuevas posibilidades para proclamar la Palabra de Dios. 

Autor: Jacek Zdrzałek, CSsR
Traductor: Hubert Starzycki, CSsR

 


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