Por amor de Dios a los hombres

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Discípulo – Por amor de Dios a los hombres

Saludos en Cristo. Como parte del episodio de septiembre de la sección “Discípulo”, hemos preparado para vosotros dos testimonios de personas que ayudan a los pobres. Estos dos testimonios son muy opuestos. Uno se grabó en África, donde hay muchísima pobreza y hambre, mientras que el segundo se grabó en Dinamarca, donde hay muchísima prosperidad.

Os invitamos a escuchar los dos testimonios de aquellos que colaboran con los redentoristas y a aprender sobre cómo están ayudando a los pobres en sus entornos.

 

Testimonio de Mercy y Gerardo

Me llamo Mercy Kurisa y este es mi marido Gerald Kurisa. Conocemos a los redentoristas desde hace 22 años. Ahora somos laicos asociados. Yo soy secretaria de la comisión Fundación Redentorista para el Desarrollo. El papel de esta fundación redentorista es recaudar fondos para todos los marginados en nuestra comunidad.

Los marginados son los pobres, los huérfanos, los ancianos.

¿Cómo recaudamos fondos? Fabricamos velas desde cero, vendemos parafina, vendemos ropa de segunda mano. El dinero que recibimos de todo esto lo usamos para pagar las deudas de los pobres, para comprar medicamentos a los ancianos, compramos comida a la gente. Nuestro objetivo es ayudar a que la gente tenga una vida mejor.

 

Testimonio de Mary

¡Hola! Me llamo Mary Eleonore Christiansen. Tengo 72 años. Nací en Alemania, por lo que me crie en Alemania y más tarde me casé con un danés en 1970, por lo que pronto haremos nuestras bodas de oro.

Durante los últimos 50 años he trabajado sobre todo como profesora en una escuela alemana (durante 24 años) y enseñaba religión. Explicaba la Biblia en las clases a niños entre 6 y 12 años. Tenía clases de religión cada semana y era muy feliz porque quería enseñar a los niños las principales historias de la Biblia.

Después de la escuela alemana, fui profesora para gente sin trabajo y para gente con problemas de drogas. Se llamaba Couferr School y, mientras estuve allí, me interesé mucho más por el trabajo social en las iglesias. Fui formada como una especie de diácono protestante en una escuela especial para diáconos protestantes (gente responsable de una pastoral social). Después de eso, pude trabajar en una iglesia protestante durante 16 años, sin dejar de ser católica. Allí era responsable del trabajo social en la iglesia, esto es, ayudaba a la gente de la iglesia y trabajaba con gente que quería hacer algún voluntariado. Tenía unos 20 grupos.

Cuando cumplí los 67 años me jubilé y me pregunté: “¿Qué puedo hacer ahora?”. Comencé una especie de proyecto con comida desperdiciada. Dado que el sacerdote de nuestra iglesia católica era indio y su hermano tendía un hogar para niños en la India, nos dijo que este hogar tenía problemas de financiación y nos preguntó si podríamos ayudar con nuestro dinero, pues allí tenía más valor. Si le diéramos 5000 coronas, para ellos sería como tener 50 mil.

Era una idea muy buena, porque aquí desperdiciamos mucha comida y tiramos mucha, lo que es malo para el medio ambiente y para nuestro país. Así que fui al supermercado y pregunté si podían darme la comida que iban a tirar. Desde 2011 voy a recoger la comida cada mañana. También pedí ayuda a otros supermercados. Voy y recojo la comida y otra gente puede llevársela por la voluntad o puede comprarla con un 25% de descuento. Hemos sacado mucho dinero, más del que necesitamos para ayudar a que esas cinco niñas de la India puedan ser enfermeras. Ayudamos a que cinco niñas puedan ir a la escuela de enfermería y les pagamos lo que necesitan. Esto se traduce en unas 1000 coronas al mes (120€ por estudiante).

Sobra mucho dinero, por lo que ahora estamos pensando en ayudar a niños de Nairobi, en Kenia, porque mi hijo vive en Nairobi, y la organización que me ayuda aquí también tiene un proyecto en los suburbios de Nairobi.

Y eso es… Veo que ya han pasado 4 minutos, pero todavía tengo mucho que decir.

Todos los lunes trabajo en una prisión. Presto atención espiritual a los presos. Es un acompañamiento espiritual católico. Hablo con presos mayoritariamente de países católicos como Nigeria, Polonia, Lituania y otros países, por supuesto. Pero tenemos muchos presos de esos países. Organizo una misa al mes con un sacerdote católico. Es una buena oportunidad para estar en contacto con los presos y preguntarles por sus necesidades. Puede ser ropa, llamar a su familia, libros, jabón… pues, como vienen de otro país, no saben cómo funciona la cárcel.

Es mucho lo que puedo hacer por ellos cada lunes. Voy y les canto el “Cumpleaños feliz” a aquellos que cumplen años. Les llevo una tarta. Siempre es un modo agradable de estar en misión, porque también puedo hablar con musulmanes y gente de muchos países. Algunos de ellos están realmente interesados en por qué hago este voluntariado. Y es porque me encanta. Ésta es mi motivación para todo mi trabajo: el amor. Porque sé que Dios me ama tanto que yo tengo que dar ese amor a los demás. Por lo que soy una especie de intermediaria. Creo que recibo mucho amor especialmente de la adoración. Siento a Dios llenando mi corazón y eso desborda, por lo que tengo que hacer algo. Simplemente sigo mi corazón. Así que eso es lo que hago. ¡Gracias!

 

Autores: Mercy y Gerald Kurisa; Mary Eleonore Christiansen.

Traducción: Carlos A. Diego Gutiérrez, CSsR

 

 

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