Historia de las “nuevas” Constituciones Redentoristas – Primera parte

Ver el video

Puedes encontrar los subtítulos en tu idioma en la barra de reproducción de YouTube.

Leer

Raíces – Historia de las “nuevas” Constituciones Redentoristas – Primera parte

 

“Copiosa Apud Eum Redemptio”: En Él la Redención es abundante. Este lema, que aparece desde el comienzo de nuestra Congregación en el primer escudo, hoy está presente también en la primera Constitución de nuestras reglas renovadas. Las Constituciones sustituyen a las antiguas Reglas y tienen más del espíritu de nuestro fundador que la primera regla. Muchos redentoristas, pues, miran con orgullo estas nuestras Constituciones; además, existe el convencimiento de que se trata de la primera legislación presentada a la Santa Sede para su aprobación en el contexto del aggiornamento, es decir, la renovación conciliar. En parte es verdad. Pero en parte, no. Pues no se trata de estas Constituciones, aprobadas definitivamente en 1982 y, más tarde, tras la aparición del nuevo Código de Derecho Canónico, confirmadas en 1985. Se trata de unas Constituciones básicamente olvidadas y desconocidas por muchos: Las Constituciones del año 1964. ¿Cuáles son estas Constituciones? ¿De dónde se tomaron? Permitámonos un pequeño flashback histórico.

Mencionemos que, en este camino aparece el Regolamento, que fue causa de una gran tragedia: la división de la Congregación, pero también el importante Capítulo en Scifelli en 1785, durante la división, porque modificará las reglas; y atención: no se trata de un cambio de Constituciones, sino sólo de reglas, es decir, del derecho básico, lo cual posibilitaba un trabajo formativo, educativo (que no se encontraba en la regla fundamental papal) a los que querían asumirlo. Estas reglas no fueron aprobadas por la Santa Sede, porque creía que, si más tarde hubiese una unión de la Congregación, las reglas no podían ser diferentes. Debía haber alguna base para la reconciliación. La Santa Sede no aprobó esta Regla de Scifelli. Pero san Clemente, saliendo con Hübl hacia el norte, primero a Viena, luego a Varsovia, fundando la comunidad de los Benonitas, salió precisamente con esas reglas. Sobre la base de estas reglas se elaboró más tarde la llamada Regla de Varsovia, que preveía y posibilitaba una actividad diversa, sobre todo porque no era posible llevar a cabo misiones. Tras aclaraciones, esta Regla, por supuesto, fue corregida, pero todavía más curiosa es la llamada Regla de Hofbauer o Regla imperial, elaborada por san Clemente junto con funcionarios del emperador en 1820, poco antes del permiso de fundar la primera comunidad en Maria am Gestade, en Viena. Esta regla es una regla pastoral, apostólica: preveía también la posibilidad de realizar una actividad diferente. Y atención: fue la base para la aprobación del primer emplazamiento redentorista en Viena. Durante unos años, los redentoristas de Viena probaron a vivir según esta regla. Sólo después, Passerat, haciendo una cierta reconciliación, aunando las legislaciones, asumió las reglas que estaban en vigor en Italia, así como las Constituciones y, lo que es peor, también todas las costumbres, incluidas las ascéticas, totalmente ajenas al mundo del norte, al norte de Europa, salvando, así, la unidad de la Congregación. Sin embargo, cerró el camino, muy importante y quizás necesario, para que nuestra legislación, sobre todo las Reglas, respondieran al espíritu de su tiempo y a las posibilidades que se encontraban en un lugar concreto. Un siguiente paso importante en el camino de la formación de nuestras Reglas y Constituciones fue, como ya mencioné, el Capítulo de 1855, más tarde revisado y complementado con un Capítulo posterior. Tras 40 años de gobierno del General Maurón, en 1894 asume el cargo el General Raus; de igual modo otro capítulo complementa nuestra legislación y así surge este gran libreto, que se publicó un año después, en 1895. En este punto, hemos de comprender qué son las Reglas y qué son las Constituciones que por aquel entonces aparecían en estos documentos nuestros. Las Reglas, escritas en esta edición muy prolijamente (porque aquí se encuentran en el latín original y también en italiano), ocupan sólo unas decenas de páginas. Sin embargo, la mayor parte de este libro, quitando al final los diferentes anexos, especificaciones, catálogos…, está formada por las Constituciones. En la mente de los redentoristas, cuando por aquel entonces hablaban de la Regla, hablaban de todo el conjunto: sobre lo que constituía la base de nuestra Congregación (las reglas), pero también las Constituciones, que determinó la misma Congregación. Este detallismo, esta precisión de expresiones, que casi conducía a la perfección de todas las normas para la vida cotidiana, llevó a una gran rigidez. Por otra parte, nuestra Congregación, en el s. XIX, también desde el punto de vista jurídico, constituyó un buen ejemplo para la Santa Sede, y nuestras reglas, nuestras soluciones, se dieron como gran modelo para las Congregaciones de nueva fundación.

El siguiente elemento que surge en el camino de conformación de nuestra legislación son los decretos sobre la pobreza. En 1909, este endurecimiento de nuestra legislación, así como los desacuerdos entre el sur y el norte, llevaron a una fuerte disputa sobre la comprensión de la pobreza en la Congregación. En respuesta a estos desacuerdos, el papa Pío X, en 1909, da un decreto a la Congregación, que desde ese momento queda indisolublemente ligado a nuestra legislación; es irrenunciable, no puede ser eliminado y se encuentra también en nuestras Constituciones actuales. Tras la promulgación del Derecho Canónico del año 1917, un año más tarde el papa Benedicto XV confirma el decreto de Pío X y da un segundo decreto, que complementa sólo los cambios concretos dictados por el nuevo Código de Derecho Canónico.

Finalmente, ya hay cambios importantes en nuestra legislación a principios del siglo XX.

El primer motivo de las modificaciones para los redentoristas siempre es apostólico, misionero. El modo de vida de los grupos a los que hay que llegar ya no es el de los pobres que habitan en el campo, sino, sobre todo, las ciudades muy desarrolladas. Antes los redentoristas, ya en el s. XIX y a principios del s. XX, eran ejemplos históricos; estaban orgullosos de, siendo fieles a la Regla, ser relegados a los lugares donde había trabajadores y simplemente era necesario encargase de ellos en el trabajo pastoral. Los redentoristas americanos, fieles a la tradición de san Juan Nepomuceno Neumann, se ocupaban de la enseñanza, dirigían parroquias… y esto también atañe al terreno de las misiones; por tanto, se necesitaba otro modo de pensar y actuar en la Regla para que esto fuera posible. Los estadounidenses, en ese momento, privilegiaban estos términos, que más tarden tendrán también su reflejo en años posteriores: “segundo fundador” o “cofundador”, hablando de san Clemente. Buscaban ciertos patrones, que le dieran la posibilidad de confirmar su misión. ¿Y la Regla? Para los redentoristas hasta ese momento las Reglas son inamovibles, santas e intocables.

El impulsor de los cambios venideros y la sustitución de la Regla antigua o también de estas reglas antiguas por una nueva legislación (las Constituciones) es el nuevo General, el p. Leonardo Buys. Fue profesor de nuestro Colegio en Witten, una persona de horizontes amplios; personalmente también era valiente, pero no tan estructurado como para comenzar formalmente el proceso de cambios.

Tras la muerte prematura del p. Leonardo, fue elegido General en el Capítulo de 1954 el p. Guillermo Boudreaux. Era estadounidense, de la Provincia de Baltimore. Trabajaba entre la minoría francoparlante, así como misionero en Brasil. Fue una persona práctica y preparada para llevar a cabo la reforma preparada por su predecesor.

El Capítulo de 1954 merece una especial atención, porque se tomaron en él decisiones sobre los cambios legales de nuestras Constituciones. Pero ¿de qué manera? ¿En qué dirección? Hay algunos criterios delineados por el Capítulo, muy importantes, a los que hay que prestar especial atención. El primero es el carácter particular de la Congregación. Hasta ese momento, sobre todo en la concepción de la espiritualidad y legislación de nuestra Congregación, reinaba este convencimiento: hay un objetivo, principal e importante, característico para todos los institutos religiosos, que es la santificación personal. El segundo es característico para las Congregaciones particulares, las órdenes religiosas, es decir, un objetivo apostólico concreto en nuestro caso, y éste siempre estuvo en segundo lugar. Ahora el Capítulo decide que el carácter particular de la Congregación, o sea, el lugar específico o la vocación determinada en la Iglesia, ha de ser el elemento decisivo para la reforma de nuestra legislación.

Un segundo asunto es lo que los redentoristas ya están haciendo: aparece el problema de las parroquias. Y aquí llega la solución de que las parroquias hay que verlas de modo misionero, esto significa que podemos tenerlas si hay un criterio para solicitar ese trabajo, o una petición de trabajo solicitada por la Iglesia, a la par que tiene que dominar en ellas un espíritu misionero. El siguiente elemento es la necesidad de abrirse a todos los posibles modos de trabajo: “spiritus apertus”, esta mentalidad estuvo presente en el Capítulo de 1954. Y finalmente algo que atañe al estilo de vida, es decir, al espíritu de unidad fraterna entre padres y hermanos, para no crear, como en muchos otros institutos, un primer y segundo coro. Este espíritu, este anhelo de que nuestra vida fuera ejemplo de amor fraterno entre padres, hermanos y colaboradores, forma ya parte de nuestros tiempos, es el Capítulo de 1954. En definitiva, son elementos de sinceridad de vida, pero también de honestidad legal para que, Dios no lo quiera, no caigamos de nuevo en cualquier formalismo legal. Este espíritu legal debe consistir también en una cierta honestidad, que debe conducirnos, también por ley, verdaderamente a la misión y no a algún tipo de encerramiento. También se estableció la creación de un Directorio espiritual, es decir, una exposición de espiritualidad, ya que las mismas Reglas y Estatutos de este tiempo no permitían leer e interpretar propiamente nuestra espiritualidad. Se crean también dos comisiones: la primera bajo la dirección del p. Kerry, que fue sustituida por otra comisión, cuya batuta llevaría el p. Eduard Wünschel.

Llega el Capítulo de 1963. Dura dos meses: desde el tres de febrero al tres de abril. Al comienzo de este Capítulo ocurre un hecho muy importante. Se rechazan los frutos del trabajo de la comisión del p. Wünschel. Las propuestas aquí contenidas no se tomarán en cuenta, del mismo modo que al principio del Concilio Vaticano II los padres conciliares rechazaron los esquemas teológicos elaborados. Entonces, el Capítulo debía comenzar el trabajo de creación de una legislación completamente nueva. Las antiguas Reglas fueron sustituidas por el nuevo texto de las Constituciones, y las antiguas Constituciones fueron remplazadas por los Estatutos capitulares.

Aunque el Capítulo duró dos meses, no fue capaz de finalizar la redacción de las Constituciones de nuestra legislación renovada. Por ello, se nombró una comisión otto viri (ocho hombres). Tenían por tarea: primeramente, trabajar el texto de las Constituciones de modo que fuera posible presentarlo a la Santa Sede para su aprobación; en segundo lugar, los Estatutos capitulares, como por aquel entonces se llamaban Estatutos generales para toda la Congregación; y por último, el Directorio espiritual y un manual de oraciones, así como algunos otros documentos. Les faltará tiempo, pero harán el trabajo más importante: crearán el texto de las Constituciones, que serán aprobadas el 2 de febrero de 1964 por siete años ad experimentum, y más tarde, tras la confirmación en 1971, se convierten en la base legal de la existencia de nuestra Congregación y estarán vigentes hasta 1982 como base oficial legal para las Constituciones completamente nuevas. He aquí un texto muy importante en nuestra historia, hoy olvidado, y para muchos redentoristas jóvenes totalmente desconocido. La comisión otto viri finalizará su trabajo tres años y medio más tarde, momento en el que el papa Pablo VI publica el motu proprio “Ecclesiae sanctae”, es decir, criterios y métodos muy detallados y concretos de reforma de la legislación religiosa. Ahora bien, todo este trabajo y esfuerzo no se desperdicia tanto, pero hay que empezar de nuevo. Sin embargo, los redentoristas estarán ya preparados, con ganas, y con cierta experiencia, para preparar las preciosas Constituciones de 1982. Pero esto ya es material para otro capítulo y otro de nuestros encuentros. Copiosa apud Eum Redemptio.

 

Autor: p. Mariusz Chyrowski CSsR
Traductor: Carlos A. Diego Gutiérrez, CSsR

This post is also available in: polski (Polaco) English (Inglés)


Noticias recientes