{"id":4564,"date":"2021-07-14T12:34:03","date_gmt":"2021-07-14T11:34:03","guid":{"rendered":"https:\/\/forworld.redemptor.pl\/?p=4564"},"modified":"2021-07-14T12:34:03","modified_gmt":"2021-07-14T11:34:03","slug":"etapas-del-desarrollo-espiritual","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/forworld.redemptor.pl\/es\/etapas-del-desarrollo-espiritual\/","title":{"rendered":"Etapas del desarrollo espiritual"},"content":{"rendered":"<h3 style=\"text-align: center;\">Etapas del desarrollo espiritual<\/h3>\n<p>La persona comienza su camino con Dios desde el momento de su existencia, desde el momento de su existencia. El Sacramento del bautizo hace que en nosotros habite Dios. De manera sacramental estamos convencidos de esto. El Esp\u00edritu Santo habita en el hombre y act\u00faa en \u00e9l. La educaci\u00f3n de los padres, el entendimiento, el crecer a una mayor responsabilidad, incluso la preparaci\u00f3n para la Primera Comuni\u00f3n, hace que esta gracia de Dios aumente en nosotros. Es decir, comenzamos a entender lo que ocurre en nosotros. Realmente el cristianismo es una iniciaci\u00f3n. Leer la palabra de Dios, la catequesis, la lectura de libros, la experiencia, hacen que la persona comience a entender qui\u00e9n es. En realidad comienza a entender lentamente que el Esp\u00edritu Santo act\u00faa en \u00e9l, que Dios est\u00e1 en \u00e9l. Sobre todo, si se recibe la comuni\u00f3n (esto es aceptar a Dios en el propio coraz\u00f3n), entramos en comuni\u00f3n con Dios tal y como podemos, si nuestro coraz\u00f3n est\u00e1 limpio y, sobre todo, cuando en el tercero de los sacramentos de iniciaci\u00f3n, en la confirmaci\u00f3n, recibimos los siete dones del Esp\u00edritu Santo. Entonces recibimos una \u201eequipaci\u00f3n\u201d b\u00e1sica, por as\u00ed decirlo, de parte de Dios, Su presencia en nuestra vida, su actuaci\u00f3n se vuelve para nosotros en algo m\u00e1s perceptible. Por supuesto, si colaboramos con esta gracia. \u201e<em>Gnothi se auton<\/em>\u201d, esto estaba escrito en el Antiguo templo de Delfos, sobre el que escriben todos los grandes fil\u00f3sofos e historiadores de la antig\u00fcedad. \u201eCon\u00f3cete a ti mismo\u201d. Y realmente, a los cristianos tambi\u00e9n puede darse, o aplicarse, este dicho, este <em>adagio<\/em>: \u201econ\u00f3cete a ti mismo\u201d. No s\u00f3lo para que la persona conozca sus posibilidades, sus debilidades, se conozca, sus reacciones, su personalidad, sino con\u00f3cete a ti mismo tambi\u00e9n desde esa parte en que Dios act\u00faa en ti. Y esto es especialmente importante para cada uno de nosotros. Hoy la gente, a menudo sin entender cu\u00e1les son los medios para reconocer la actuaci\u00f3n de Dios en nosotros, no ven esta actuaci\u00f3n. Pero eso no significa que Dios no act\u00fae en la persona. Basta con que alguien d\u00e9 pasos, estos medios, para reconocer la actuaci\u00f3n de Dios en \u00e9l mismo. Y esta actuaci\u00f3n, esta colaboraci\u00f3n entre las personas y Dios, a veces se la conoce como camino, camino espiritual. Este camino espiritual es simplemente un desarrollo que vivimos en las etapas de nuestra vida, en la historia de nuestra vida. Un desarrollo espiritual. Toda la liturgia de la Iglesia, si participamos en ella, est\u00e1 proyectada a que, a trav\u00e9s de la Palabra de Dios, de los sacramentos, de la ense\u00f1anza, la catequesis, la participaci\u00f3n en distintos tipos de ritos, devociones, conduzcan a la persona y la capaciten para sacar provecho a la luz de Dios, a la presencia de Dios, para que Dios lo gu\u00ede en su vida. Esto es muy importante para descubrir que la persona no forma su propia vida solo. Que la persona no es se\u00f1or de su destino. Se ve esto en estos momentos en que perdemos el control sobre aquello que queremos llevar a cabo en la vida o c\u00f3mo corre nuestra vida. Puede ser una enfermedad, o puede ser, no s\u00e9, incluso el amor, donde entregamos a la otra persona el derecho a que junto con nosotros decida sobre c\u00f3mo se desarrollar\u00e1 nuestra vida. Pero precisamente este derecho a conformar bien la vida es entregarse a Dios. Porque Dios es el que mejor sabe para qu\u00e9 hemos sido creados. De ah\u00ed, como dec\u00edamos al principio de nuestros encuentros, que sea tan importante el papel de la Palabra de Dios. Dios es el autor de nuestra vida espiritual, y no nosotros. Nosotros podemos solamente sacar provecho de estos medios que la Iglesia, que Dios mismo env\u00eda, nos entrega para que podamos realmente vivir nuestra vida junto con \u00c9l. Es muy importante no afirmar ni pensar, ni actuar como si fu\u00e9ramos se\u00f1ores de nuestra propia vida. Es bueno confiarse a Dios, es m\u00e1s, pedir a Dios incesantemente que \u00c9l sea el dirigente principal espiritual de nuestra vida, para que le confiemos toda nuestra vida. Como ya he dicho, este camino con Dios es un proceso. Nada sucede de inmediato. Nada sucede con chascar los dedos. Nada sucede autom\u00e1ticamente. A menudo la gente piensa que, cuando reza alguna oraci\u00f3n, algo suceder\u00e1 de manera autom\u00e1tica. No. Tenemos que madurarlo. Tenemos que desearlo. Dios da verdaderamente la gracia de manera gratuita, para que se lo digamos. La gracia es dada gratis a la persona. Pero es muy importante que saquemos provecho de esta gracia, llevando a cabo acciones concretas, elecciones. La gu\u00eda por la vida del ser humano es precisamente la Biblia y especialmente el Evangelio. El Evangelio es precisamente el vadem\u00e9cum, es decir, el \u201even conmigo\u201d, un instructor, un manual sobre c\u00f3mo vivir con Dios en la propia vida. Cuando empleamos el Evangelio en nuestra vida, entonces comenzamos a sentir que Dios act\u00faa. Entonces comenzamos a ir con Dios. Entonces nos entregamos cada vez m\u00e1s a Dios, abrimos a Dios cada vez m\u00e1s nuestra vida, para que \u00c9l realmente se convierta en tu gu\u00eda, es m\u00e1s, en el Se\u00f1or de nuestra vida. Esto es muy importante. Tambi\u00e9n es, por supuesto, muy importante aqu\u00ed la oraci\u00f3n. La oraci\u00f3n son precisamente esos momentos intensos en que vivimos sin nadie m\u00e1s que con Dios. Sobre la oraci\u00f3n hablaremos m\u00e1s adelante. Pero en ellos vivimos a solas con Dios, en ellos abrimos nuestra vida conscientemente para estar en comuni\u00f3n con Dios, para que este v\u00ednculo nuestro con Dios sea lo m\u00e1s importante. Volver\u00e9 en un momento al Bautismo. Nuestra fe, nuestra religi\u00f3n, el cristianismo, es caminar con Dios. En realidad nosotros no perseguimos a Dios como si Dios estuviera en alg\u00fan lugar apartado de nosotros, y quisi\u00e9ramos subir a la monta\u00f1a en la que se encuentra Dios. No. Nosotros comenzamos con Dios. Porque hemos sido creados por Dios, porque hemos sido bautizados en nombre del Dios Trino, Padre, Hijo y Esp\u00edritu Santo, y porque el Esp\u00edritu Santo nos acompa\u00f1a desde el momento de nuestra existencia, y especialmente desde el momento de nuestro bautismo nos alimentamos de su presencia en la Eucarist\u00eda, en la confirmaci\u00f3n. El Esp\u00edritu Santo nos otorga a todos sus dones, para que podamos ir con Dios durante toda nuestra vida. Y por eso nosotros, en comparaci\u00f3n con otras religiones, comenzamos all\u00ed donde ellas a menudo quieren llegar, es decir: comenzamos nuestro camino directamente con Dios. Este es el camino, este se lleva a cabo en nosotros. Pero en la medida en que nosotros nos abrimos a su actuaci\u00f3n. Y por eso nuestro camino es m\u00e1s bien un abrirse para que Dios act\u00fae en nosotros. Esto es un elemento muy importante de este camino. A menudo la gente no se da cuenta y tiene la impresi\u00f3n de que tienen que ir hacia Dios. Mientras que, en realidad, no es as\u00ed, aunque por supuesto se puede hablar as\u00ed, pero en realidad Dios quiere entrar en nuestro coraz\u00f3n. Y este camino, sobre todo, consiste en que abramos nuestro coraz\u00f3n a Dios. Es muy importante dar a Dios la iniciativa y, desde nuestra parte, no quedarnos, por supuesto, inactivos. Sino comprometerse por estos medios que la Iglesia, pues es tarea de la Iglesia, nos da, nos sugiere para que nos capaciten abiertamente, para la acci\u00f3n de Dios en nuestro coraz\u00f3n. Hemos dicho que la vida espiritual es un camino. Un camino con Dios en el cual \u00c9l es el gu\u00eda. Este camino tiene sus etapas. A veces los expertos de espiritualidad hablan de tres etapas. Sobre la etapa primera, la etapa de iniciaci\u00f3n, la cual se llama etapa de purificaci\u00f3n; despu\u00e9s la etapa intermedia o de compromiso, que se llama etapa de conocimiento; y finalmente la etapa de uni\u00f3n con Dios. Por supuesto, a menudo comenzamos desde esta primera etapa. Pero hay que recordar que con estas etapas no es que alguien pase la primera etapa, luego vaya a la siguiente y al final a la tercera, no. Estas etapas a veces se superponen. Y son, por as\u00ed decirlo, ciclos en los que se puede alcanzar algunos detalles que nos muestran que estamos m\u00e1s en la etapa de, por ejemplo, purificaci\u00f3n, que en la etapa de conocimiento, o tambi\u00e9n en la etapa de uni\u00f3n con Dios. La primera etapa (purificaci\u00f3n) comienza desde un encuentro especialmente profundo con Dios, desde un impulso profundo en el que la persona descubre la realidad de la presencia de Dios. Y entonces comenzamos conscientemente a buscar a Dios. Y por eso ya no es por la educaci\u00f3n de nuestros padres, ya no porque sea tradici\u00f3n, porque estamos acostumbrados a eso, o porque lo hayamos aprendido. No. La persona debe descubrir a Dios personalmente. Y esta etapa, este momento, es muy importante. Comenzamos a percibir, entonces, que nuestro desarrollo personal no consiste tanto en cumplir o en realizar nuestras posibilidades, como hoy en d\u00eda tanto se subraya que uno debe realizarse, debe cumplir todas sus posibilidades\u2026 Esto no es verdad. La persona se realiza y, dir\u00edamos, cumple todas sus posibilidades, desarrolla estas posibilidades cuando, precisamente no se mira a s\u00ed mismo. Cuando comienza a mirar a Dios. Esta realizaci\u00f3n, cumplimiento de las posibilidades de cualquier tipo, se lleva a cabo en un segundo plano. Si no, la persona est\u00e1 locamente centrada en s\u00ed misma. De hecho, entramos en un c\u00edrculo vicioso, en un horrible c\u00edrculo en el que nos volvemos sobre nosotros mismos como un carrusel. La persona quiere realizarse, y por eso lo organiza todo, incluso su propia familia, incluso sus propios hijos, o su propio marido, a menudo por eso se terminan los matrimonios, pues alguien dice: \u201eno, yo tengo derecho a realizarme, t\u00fa te has convertido en un obst\u00e1culo para m\u00ed, la educaci\u00f3n de los hijos se ha convertido en un obst\u00e1culo, pues yo quiero ser, yo quiero realizar cada vez m\u00e1s mis potenciales, mis posibilidades. Y esto es entonces algo inusitadamente peligroso, en lo que hoy mucha gente cae. Y por eso, para realizarse, para desarrollar sus posibilidades, para llevar a cabo este camino, hay que conocer a Dios. \u00c9l nos gu\u00eda. Y la primera etapa es descubrir su presencia, cuando la persona simplemente en su coraz\u00f3n vive algo poco com\u00fan. Sencillamente esta realidad de encuentro con el Dios vivo hace que a nuestro coraz\u00f3n fluya, como dice san Juan, un torrente de agua viva. Nosotros quisi\u00e9ramos darnos al mundo. Comienza a aparecer algo as\u00ed como que no lo quiero para m\u00ed, no me vuelvo sobre m\u00ed mismo, s\u00f3lo quiero dar algo al mundo. Entonces llega el entusiasmo, la energ\u00eda, a menudo sucede a trav\u00e9s de la llamada conversi\u00f3n renovada, cuando pasamos de la fe heredada a nuestra fe personal. Entonces la persona comienza a rezar, la persona comienza a depurarse de sus propios pecados, a cultivar su propia vida, a confesar sus errores, sus pecados cometidos. La fe personal es la fe en Dios, este v\u00ednculo nuestro con Dios. De ah\u00ed tambi\u00e9n que es importante para vivir bien esta etapa. Por supuesto es una etapa que es f\u00e1cil de recorrer, porque somos llevados, por as\u00ed decirlo, por este descubrimiento de la presencia de Dios, por este v\u00ednculo personal con Dios. A menudo ocurre que la persona, entonces, por as\u00ed decirlo, no puede rezar todo lo que quisiera. A menudo, si se trata de una transici\u00f3n de, digamos, una fe muy fr\u00eda a una fe entusiasta, a una fe tan din\u00e1mica, acompa\u00f1an a este encuentro a veces las l\u00e1grimas, a veces dir\u00edamos las ganas de deshacer todo lo que hemos hecho mal en la vida, de construir nuestra vida, apegarnos a Dios, queremos rezar lo m\u00e1s posible, sentimos c\u00f3mo de necesario es Dios, que es necesario como la lluvia para la tierra agrietada, para esta sequedad que vivimos. S\u00f3lo entonces descubrimos precisamente nuestro coraz\u00f3n. Y este ciclo es un ciclo importante, porque no hay que basarlo s\u00f3lo en el solo entusiasmo y dinamismo, sino que hay que servirse de ello para que nos comprometamos, tranquilamente, de modo tranquilo, en la vida de la Iglesia, en la vida de la pastoral, en la vida de la comunidad parroquial, en la vida de cualquier movimiento\u2026 Entonces es muy necesaria tambi\u00e9n la formaci\u00f3n. Pero precisamente este ciclo se caracteriza porque hacemos tanto que somos nosotros los que actuamos. Por supuesto desde la inspiraci\u00f3n de Dios, como confiamos. Pero lentamente este ciclo se detiene, se transforma en un ciclo m\u00e1s calmado, y a veces, aparecen tambi\u00e9n las dificultades. Este es el ciclo en el que tenemos que llevar a cabo la purificaci\u00f3n, el ajuste de cuentas en nuestra vida, tenemos que terminar cierta etapa y comenzar otra. Y lentamente tambi\u00e9n comenzamos a entender que Dios asume la iniciativa. Y Dios asume la iniciativa a trav\u00e9s de lo que nosotros hemos dejado en cierta etapa, tras cierto tiempo de sentir este entusiasmo, comenzamos a sentir las dificultades del camino, el peso de nuestras decisiones, que para nada es tan f\u00e1cil vivir para Dios, vivir con otros, que no somos nosotros los que formamos nuestra vida, s\u00f3lo tenemos que dar una oportunidad a otros, en la comunidad con los otros, por eso entonces hay que estar en comunidad, s\u00f3lo entonces maduraremos verdaderamente, pero lentamente comenzar\u00e1n a acompa\u00f1arnos tambi\u00e9n las dificultades, los problemas, que este entusiasmo ya no es de repente tan grande como en el principio, que comenzamos a sentir que llegan los problemas, los obst\u00e1culos que vemos\u2026 Los vemos no s\u00f3lo en el exterior, sino tambi\u00e9n en uno mismo. Pues resulta que nuestra condici\u00f3n pecadora es un hecho que existe, y estos pecados a veces nos pesan, no todo se puede limpiar de golpe, nos conocemos desde dentro cada vez mejor y en todo caso vemos que aparecen muchos problemas en nuestro camino. Pero estos problemas han de llegar, tienen que surgir, porque s\u00f3lo entonces, cuando comenzamos a dudar lentamente de nuestras fuerzas, realmente transmitiremos la autoridad sobre nuestra vida a Dios. Y esto no se hace r\u00e1pido. No es que se siga, no s\u00e9, despu\u00e9s de un par de meses o algo as\u00ed, no, esto dura a veces a\u00f1os y a\u00f1os, a veces hasta el final de la vida. Cuanto m\u00e1s permitimos a Dios actuar en aquello que estamos de acuerdo en lo que sucede en nuestra vida y sobre lo que no tenemos influencia. A veces es, por ejemplo, la muerte de alguien cercano, problemas, dificultades que llegan, a veces incluso las dudas que nos acompa\u00f1an, todas ellas est\u00e1n para que Dios pueda tomar la iniciativa, para que podamos darle esta iniciativa, este derecho en nuestra vida, totalmente. Entonces comienza la etapa de conocimiento. Pues entonces comenzamos a entender que Dios act\u00faa en nuestra vida, y comenzamos a entender la ley m\u00e1s profunda de su sabidur\u00eda, y despu\u00e9s ya hablaremos menos sobre ello. Hoy se trata de comenzar m\u00e1s tarde esta etapa de uni\u00f3n con Dios. Es verdad que Dios est\u00e1 unido a nosotros desde el principio, desde nuestra existencia todo es para unirse con Dios y Dios teje el hilo de nuestra vida de esta manera. Pero, por supuesto, llegaremos a esta etapa superior cuando verdaderamente queramos darnos a Dios. Entonces necesitaremos maestros espirituales, santos, un director espiritual, tambi\u00e9n esta lucha interior, sin la cual la vida espiritual no puede darse. La lucha interior es algo que nos permite vivir bien el camino espiritual con Dios. Recordemos, sin embargo, que \u00c9l es el gu\u00eda espiritual de nuestra vida.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Etapas del desarrollo espiritual La persona comienza su camino con Dios desde el momento de su existencia, desde el momento de su existencia. El Sacramento del bautizo hace que en nosotros habite Dios. De manera sacramental estamos convencidos de esto. El Esp\u00edritu Santo habita en el hombre y act\u00faa en \u00e9l. 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