{"id":1691,"date":"2020-04-28T00:00:15","date_gmt":"2020-04-27T23:00:15","guid":{"rendered":"https:\/\/forworld.redemptor.pl\/?p=1691"},"modified":"2020-04-27T20:39:11","modified_gmt":"2020-04-27T19:39:11","slug":"el-hombre-que-nunca-perdio-la-esperanza-expulsion-de-los-benonitas-y-sus-siguientes-destinos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/forworld.redemptor.pl\/es\/el-hombre-que-nunca-perdio-la-esperanza-expulsion-de-los-benonitas-y-sus-siguientes-destinos\/","title":{"rendered":"El hombre que nunca perdi\u00f3 la esperanza. Expulsi\u00f3n de los benonitas y sus siguientes destinos"},"content":{"rendered":"<h3 style=\"text-align: center;\"><strong>La finalidad de la acci\u00f3n misionera \u2013<br \/>\nEl hombre que nunca perdi\u00f3 la esperanza. Expulsi\u00f3n de los benonitas y sus siguientes destinos<\/strong><\/h3>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El 9 de junio de 1808 termin\u00f3 el sue\u00f1o de Clemente de fundar en Varsovia. A los benonitas se les acus\u00f3 de ser jesuitas encubiertos, enemigos del imperio (pero especialmente reacios a Napole\u00f3n), entre los cuales Clemente era considerado el peor. A los frailes los expulsaron de Varsovia. La iglesia qued\u00f3 rodeada por el ej\u00e9rcito, de modo que la gente que quer\u00eda defender a los redentoristas, no pod\u00eda hacerlo de ninguna manera. Cuarenta sacerdotes y hermanos fueron agolpados en un cuarto y sometidos a interrogatorios de largas horas. Finalmente, el 20 de junio, se les sac\u00f3 de Varsovia en coches en distintas direcciones.<\/p>\n<p>Todos se encontraron en la fortaleza de K\u00fcstrin, donde pasaron alg\u00fan tiempo. A continuaci\u00f3n, acuerdo con la decisi\u00f3n de las autoridades, fueron enviados de a dos a sus pa\u00edses de origen. Clemente se desesperaba por no poder pasar sus d\u00edas entre sus cohermanos; adem\u00e1s, a la mayor\u00eda de ellos ya nunca los ver\u00eda m\u00e1s. Junto con el hermano y cl\u00e9rigo Marcelin Stark fueron enviados a Viena como s\u00fabditos de la monarqu\u00eda de los Habsburgo. Durante el camino vivieron aventuras m\u00e1s o menos felices (entre ellas alguna que amenaz\u00f3 sus vidas). En cierto momento, Marcelin perdi\u00f3 su pasaporte. Les par\u00f3 la polic\u00eda en la frontera bajo sospecha de ser esp\u00edas, amenazados incluso a pena de muerte por fusilamiento. Por suerte, el comandante pregunt\u00f3 a la fortaleza de K\u00fcstrin, y tras recibir respuesta, liberaron a los prisioneros.<\/p>\n<p>Clemente lleg\u00f3 a Viena, ciudad de su juventud. No fue, sin embargo, otro \u201camor a primera vista\u201d, porque se encontr\u00f3 con un comit\u00e9 de bienvenida inusual. Durante el control rutinario se descubri\u00f3 en su equipaje objetos lit\u00fargicos y enseguida se sospech\u00f3 que eran ladrones que escapaban con su bot\u00edn. El padre Hofbauer fue arrestado. S\u00f3lo tras haber pasado tres d\u00edas en la c\u00e1rcel, por la intervenci\u00f3n del arzobispo de Viena, fue puesto en libertad.<\/p>\n<p>Desde el punto de vista religioso, la entonces capital del Imperio Austr\u00edaco presentaba una realidad demasiado complicada. En teor\u00eda, el 97% de sus habitantes eran cat\u00f3licos, pero, en realidad, pocos de ellos practicaban su fe. Es m\u00e1s, en esta gran ciudad europea, se difund\u00edan las corrientes de pensamiento ilustradas, enemigas de la religi\u00f3n tradicional. Adem\u00e1s, en la monarqu\u00eda de los Habsburgo reinaba la ideolog\u00eda del josefismo, que fundaba su aspiraci\u00f3n en que toda la actividad eclesi\u00e1stica y todas las manifestaciones de vida religiosa estuvieran subordinadas al Estado. Se organizaban controles policiales, se limitaban al m\u00ednimo los sermones, y se redactaba su contenido. Se comprobaba incluso qui\u00e9n y a qui\u00e9n se confesaba. Clemente se encontr\u00f3 en Viena en una situaci\u00f3n caracter\u00edstica, sin trabajo pastoral. S\u00f3lo podemos imaginar lo dolorosa que esta situaci\u00f3n tendr\u00eda que ser para un hombre que toda su vida hab\u00eda sido tan activo. Por suerte, vinieron con ayuda sus amigos de su \u00e9poca de estudios en la Universidad de Viena.<\/p>\n<p>Clemente recibi\u00f3 el cargo de ayudante pastoral en la iglesia perteneciente a los franciscanos. Debi\u00f3 ser una pastoral de una comunidad italiana, que se reun\u00eda en este mismo templo. Por desgracia, de acuerdo con las costumbres del momento, toda su actividad s\u00f3lo pod\u00eda reducirse a dar misas y a predicar de vez en cuando sermones. Para el padre Hofbauer esto era decididamente demasiado poco. Entonces, se encarg\u00f3 de una actividad, en la cual pod\u00eda realizarse m\u00e1s: sal\u00eda a por la gente, se encontraba con ellos y hablaba. Comenzaba a pasar cada vez m\u00e1s tiempo en el confesionario. Despu\u00e9s de cuatro a\u00f1os, en el a\u00f1o 1813, lleg\u00f3 una especie de salvaci\u00f3n: Clemente recibi\u00f3 su propio lugar. El arzobispo de Viena le confi\u00f3 el puesto de capell\u00e1n en el monasterio de las hermanas ursulinas. El incansable redentorista tambi\u00e9n recibi\u00f3 un piso m\u00e1s grande, m\u00e1s grande para esa \u00e9poca (de dos habitaciones) donde habitaban tres de sus cohermanos. Finalmente pudo traer a uno m\u00e1s, el padre Sabellego, que le sirvi\u00f3 como secretario personal (y por eso se sabe que Clemente mantuvo abundante correspondencia para mantener el contacto y la unidad con los cohermanos dispersos por toda Europa).<\/p>\n<p>Y aqu\u00ed el propio Clemente, animado con este mismo esp\u00edritu que lo persigui\u00f3 durante toda su vida y lo estimul\u00f3 a actuar, se dio por completo a su ministerio. Present\u00f3 una actitud de libertad ante las formas de pastoral aceptadas y osificadas, buscaba nuevas iniciativas que respondieran a las necesidades de la gente, del tiempo y el lugar en los que se encontraba. Pas\u00f3 largas horas en el confesionario, mantuvo muchas conversaciones, recibi\u00f3 a otros, sali\u00f3 a por ellos, y, sobre todo, se dedic\u00f3 a la predicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Comencemos por la predicaci\u00f3n. Como an\u00e9cdota, se recuerda el hecho de que cuando Clemente apareci\u00f3 en la iglesia de santa \u00darsula, de inmediato pregunt\u00f3 a la hermana sacristana: \u201c\u00bfC\u00f3mo va eso de los sermones?\u201d. \u00c9sta, sorprendida, respondi\u00f3: \u201c\u00bfSermones? Los sermones s\u00f3lo se predican en festividades, no en domingos corrientes, y, adem\u00e1s, en esta iglesia no hay con qui\u00e9n hablar\u201d. Sin preocuparse por eso, y, de hecho, sin tener en cuenta la ley, ya en el primer domingo, el santo redentorista fue al amb\u00f3n y comenz\u00f3 a predicar a algunas personas que estaban reunidas en el templo. La noticia corri\u00f3 por toda la ciudad. De boca en boca se comunicaba el mensaje de que en la iglesia de santa \u00darsula predicaba la Palabra de Dios un predicador inusual y, en breve, esta iglesia, aunque no muy grande (semejante a la de san Benon en Varsovia), comenz\u00f3 a estar repleta.<\/p>\n<p>\u00bfEn qu\u00e9 consist\u00eda el fen\u00f3meno predicador de san Clemente? Seg\u00fan los testigos, no era un excelente orador. Su alem\u00e1n aparentemente dej\u00f3 mucho que desear (el fraile predicaba con un fuerte acento). Es m\u00e1s, algo que hoy es impensable, sus sermones a menudo duraban una hora. Sin embargo, de los relatos descubrimos que los oyentes permanec\u00edan en silencio, captando cada palabra y con miedo de moverse o toser. \u00bfPor qu\u00e9? Seg\u00fan los registros conservados, los sermones de Clemente se diferenciaban de aquello que se consideraba como est\u00e1ndar para la \u00e9poca. No consist\u00edan en filosofar ni reflexionar racionalmente sobre temas morales que deb\u00edan servir a la sociedad, que era casi la regla de esos tiempos. Se reconoc\u00eda por aquel entonces que la religi\u00f3n, si exist\u00eda para algo, su objetivo era que fuera \u00fatil. Clemente, sobre todo, predicaba doctrina y kerigma: hablaba sobre las verdades de la fe, estando convencido de que esto debe preceder a la ense\u00f1anza moral. De lo contrario, se convertir\u00eda solamente en un conjunto de normas artificiales impuestas a las personas, que tarde o temprano la gente rechazar\u00eda. Sin embargo, los sermones del padre Hofbauer estaban, sobre todo, llenos de contenidos b\u00edblicos, pues como \u00e9l mismo repet\u00eda: \u201cHay que anunciar el evangelio continuamente de nuevo. Continuamente volver a \u00e9l\u201d. La misma preparaci\u00f3n de Clemente a la homil\u00eda era ya caracter\u00edstica. Cuando en alg\u00fan momento alguien le preguntaba sobre ello, \u00e9l respond\u00eda: \u201cEl serm\u00f3n se prepara de rodillas\u201d. Seg\u00fan el santo redentorista, hab\u00eda que predicar el evangelio, el cual tiene que abarcar a toda la persona, en todas sus dimensiones, por eso los sermones predicados por \u00e9l no eran tampoco especulaciones mentales. En ocasiones perd\u00eda el hilo, a veces los pensamientos particulares no estaban relacionados entre s\u00ed, pero estaban profundamente llenos de emociones. Sobre todo, eran el credo personal del ap\u00f3stol de Varsovia y Viena, y precisamente eso llegaba a los corazones de la gente. Una fe inquebrantable daba a Clemente fuerza para predicar. Como dijo uno de sus oyentes: \u201cTodos sus sermones eran un \u00fanico gran acto de fe\u201d. Incluso los informes policiales, escritos por esp\u00edas mandados regularmente a la Iglesia de santa \u00darsula, constataban que el padre Hofbauer es un fan\u00e1tico religioso, el cual, de buena fe, se esfuerza por basar la religi\u00f3n en la Revelaci\u00f3n y en el contacto vivo con Jesucristo. Cabe citar aqu\u00ed las palabras de Juan Pablo II, quien dijo que la gente est\u00e1 m\u00e1s necesitada de testigos de fe que de sus maestros; esta afirmaci\u00f3n es actual, no s\u00f3lo para nuestros tiempos, sino para todos. Con total seguridad, san Clemente predic\u00f3 de esta misma manera, y as\u00ed se realizaron milagros de conversi\u00f3n.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed aparece la segunda dimensi\u00f3n de la actividad del padre Hofbauer, es decir, su servicio en el confesionario. Los penitentes hablaban sin vacilar de su extraordinaria capacidad y don de entrar en los corazones humanos y tambi\u00e9n de su amor, con el cual trat\u00f3 como un verdadero padre a todos los que se acercaban a \u00e9l. Se esforz\u00f3 por entenderlos, escucharlos, consolarlos, darles consejo; incluso le llamaban refugio de los pecadores. Sus \u00f3rdenes a menudo eran cortas, muy concretas y relacionadas con la vida. Una de las mujeres que se confesaban con \u00e9l recordaba que, cuando se quejaba de su relaci\u00f3n con sus hijos, Clemente ten\u00eda plena ciencia para decirle s\u00f3lo: \u201cSabes, una madre a veces ayuda m\u00e1s a los hijos cuando habla con Dios sobre los hijos, que con los hijos sobre Dios\u201d. Tambi\u00e9n se recuerda la an\u00e9cdota cuando cierto hombre tuvo dificultad para perdonarse a s\u00ed mismo por sus pecados cometidos. El santo redentorista simplemente desde el confesionario lo acompa\u00f1\u00f3 hasta su casa y all\u00ed arroj\u00f3 una piedra a un cubo de agua que estaba en un pozo. \u201cVes, as\u00ed como esta piedra desapareci\u00f3 en el agua, as\u00ed tus pecados desaparecen en el oc\u00e9ano de la misericordia de Dios\u201d, dijo. Clemente pasaba en el confesionario incontables horas. En invierno, se levantaba incluso entre las tres y las cuatro de la ma\u00f1ana. Iba a pie a la peque\u00f1a iglesia donde le esperaban aquellos que ten\u00edan que comenzar a trabajar: sirvientes, trabajadores\u2026\u00a0 Los confesaba y, a continuaci\u00f3n, volv\u00eda a la iglesia de santa \u00darsula, donde ya hab\u00eda una cola de penitentes. De boca en boca corr\u00eda su apellido como el de aquel que siempre est\u00e1 preparado para acoger al pecador y dar consejo referente tanto a la vida espiritual como de cada d\u00eda.<\/p>\n<p>Con el ministerio de la reconciliaci\u00f3n, Clemente se dirigi\u00f3 de presto a los enfermos y moribundos, a sus casas y a los hospitales. Siempre llevaba consigo alg\u00fan detalle, ya fueran flores, para darles a los enfermos una peque\u00f1a alegr\u00eda. Durante doce a\u00f1os de estancia en Viena, el padre Hofbauer prepar\u00f3 para la muerte a cerca de dos mil personas.<\/p>\n<p>Con un cuidado y un inter\u00e9s particular, Clemente rode\u00f3 a la juventud, sobre todo universitaria, la cual en esos tiempos estaba religiosamente muy desatendida. Su apartamento siempre estaba abierto para estudiantes. Dio forma a un tipo de encuentros vespertinos informales: los j\u00f3venes iban y recib\u00edan diferentes temas. No hab\u00eda ning\u00fan orden determinado para estas discusiones, sus problemas le daban vida. A veces discut\u00edan sobre las verdades de la fe, a veces sobre la situaci\u00f3n de la Iglesia; en ocasiones era una hora b\u00edblica, en otros casos una hora dedicada a la oraci\u00f3n. Los asistentes a estos encuentros recordaban que cada vez que llamaban a la puerta del predicador incansable, \u00e9ste les abr\u00eda causando la impresi\u00f3n de alguien que precisamente les estaba esperando. Por su parte, Clemente percib\u00eda como un elemento extremadamente importante esta actividad: sab\u00eda que esta gente volver\u00eda a sus casas donde, a menudo, conviv\u00edan con decenas de personas y all\u00ed hablar\u00edan sobre aquello que hab\u00edan experimentado, haciendo accesible el Evangelio a estos lugares y permitiendo que lo que predicaba el fraile llegara all\u00ed, adonde \u00e9l mismo no pod\u00eda llegar.<\/p>\n<p>Estas relaciones y comuni\u00f3n con un verdadero santo tuvieron, por supuesto, tambi\u00e9n influencia en las vocaciones. Cuando al poco de la muerte de san Clemente se abri\u00f3 la primera comunidad redentorista en Viena, se presentaron a ella m\u00e1s de treinta candidatos, la mayor\u00eda de los cuales eran precisamente asistentes de los encuentros vespertinos. El fen\u00f3meno de la personalidad del padre Hofbauer consist\u00eda, entre otras cosas, en que era un ap\u00f3stol tanto para los pobres, como para los ricos. En su casa se encontraban personas de las m\u00e1s altas clases de la sociedad del momento: gente de ambientes pol\u00edticos, cient\u00edficos, artistas\u2026 Basta con recordar que fueron personas tales como Friedrich Schlegel (conocido como el pr\u00edncipe de los rom\u00e1nticos), Clemente Brentano (poeta del romanticismo alem\u00e1n, y tambi\u00e9n secretario personal de la beata Catalina Emmerich) o Josef von Pilat (secretario personal del canciller Metternich) y muchos otros. Se llamaba a este grupo \u201cC\u00edrculo de Hofbauer\u201d o \u201cC\u00edrculo de los rom\u00e1nticos\u201d. Seg\u00fan los expertos, ten\u00eda una gran influencia en la cultura de esta \u00e9poca. En este momento merece la pena a\u00f1adir que, cuando en el a\u00f1o 1815 ten\u00eda lugar en Viena un congreso internacional, que deb\u00eda poner orden a las secuelas de las guerras napole\u00f3nicas, algunos de los asistentes iban al piso de Clemente, tra\u00eddos all\u00ed por miembros de dicho grupo. Entre ellos se encuentra, el sucesor al trono del Reino de Baviera. La relaci\u00f3n y amistad del padre Hofbauer con el joven pr\u00edncipe facilit\u00f3 m\u00e1s tarde a los redentoristas fundar muchos centros en este pa\u00eds; este santo, sin embargo, ya no lleg\u00f3 a verlo.<\/p>\n<p>De hecho, ya yac\u00eda en el lecho de muerte cuando recibi\u00f3 el mensaje de que el emperador les conced\u00eda permiso para abrir un monasterio de redentoristas en la capital. Sin embargo, \u00e9l ya no pudo ver ni experimentar la realizaci\u00f3n de este gran sue\u00f1o. Siendo (para aquellos tiempos) un hombre de edad avanzada, agotado por los numerosos viajes, los efectos de soportar el mal tiempo, a veces sin comer y sin dormir, a principios de la primavera cay\u00f3 enfermo. Su estado de salud empeor\u00f3 mucho: las numerosas hemorragias y la fiebre le agotaban, produciendo que las \u00faltimas semanas de vida fueran para \u00e9l precisamente una gran sucesi\u00f3n de dolores. El 15 de marzo de 1820, cuando sonaba la campana de mediod\u00eda, Clemente dijo a los que le rodeaban (y hay que decir que no estaban junto a \u00e9l ning\u00fan redentorista, todos hab\u00edan salido a alg\u00fan sitio, ocup\u00e1ndose de alg\u00fan asunto): \u201cLa campana al \u00c1ngelus, recemos\u201d. Cuando los presentes (que eran seis laicos) acabaron de rezar de rodillas y se incorporaron, el padre Clemente ya no viv\u00eda. Los cohermanos no pudieron ocuparse de su entierro (no estaban presentes), pero enseguida alguien consigui\u00f3 un ata\u00fad y otro, una caravana. Doce estudiantes de Clemente arrastraron el carro con el cuerpo de un fraile santo. Gradualmente fue llegando cada vez m\u00e1s gente, alguien se ocup\u00f3 de las velas, las cuales se repartieron entre la multitud y el cortejo f\u00fanebre se convirti\u00f3 en una procesi\u00f3n de luces. Cuando el cortejo lleg\u00f3 a la catedral de san Esteban, alguien abri\u00f3 las entradas principales (estas puertas enormes solo se abr\u00edan para las coronaciones y en las ocasiones especiales). El ata\u00fad del pobre redentorista entr\u00f3 en el templo, el cual inmediatamente se llen\u00f3 de tanta gente, que algunos tuvieron que quedarse en el exterior. Desde all\u00ed, trasladaron el cuerpo de Clemente al as\u00ed llamado Cementerio de los Rom\u00e1nticos, que en aquel tiempo se encontraba m\u00e1s all\u00e1 de los l\u00edmites de la ciudad. All\u00ed, el ap\u00f3stol de Viena y Varsovia descans\u00f3 hasta el momento de trasladar sus restos por el inicio de su proceso de beatificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La semilla lanzada al suelo muri\u00f3 y en breve trajo abundante cosecha. Los misioneros de la primera comunidad de redentoristas de la capital austriaca pronto se dispersaron por toda Europa. Tantos se animaron a entrar en la congregaci\u00f3n, que ya veinte a\u00f1os m\u00e1s tarde el papa tuvo que mandar dividirla en seis provincias m\u00e1s all\u00e1 de los Alpes. Apenas doce a\u00f1os tras la muerte de Clemente (en el a\u00f1o 1832) los hijos espirituales de San Alfonso cruzaron el Atl\u00e1ntico y fundaron las primeras comunidades en los Estados Unidos de Am\u00e9rica del Norte. As\u00ed, Varsovia y Viena pasaron a ser, junto a la italiana Scala, verdaderas cunas de una congregaci\u00f3n internacional, y el hombre, cuyos esfuerzos acabaron en fracasos, se convirti\u00f3 (junto a san Alfonso), como creen muchos redentoristas, en el cofundador de la Congregaci\u00f3n del Sant\u00edsimo Redentor.<\/p>\n<p>San Clemente Mar\u00eda Hofbauer es un hombre que nunca perdi\u00f3 la esperanza y tuvo valor para comenzar continuamente de cero. M\u00e1s de una vez rezaba con estas palabras: \u201cYo camino hacia adelante; T\u00fa me llevas hacia arriba\u201d. Fue un misionero que cre\u00eda profundamente en que, mientras siguiera habiendo gente necesitada de la Buena Noticia, seguir\u00eda habiendo esperanza para la congregaci\u00f3n y su misi\u00f3n. Habr\u00e1 futuro para nosotros, siempre y cuando, al igual que nuestro santo cohermano, tengamos valor de leer la voz de Dios dirigida a nosotros a trav\u00e9s del grito de los pobres. Si tenemos el valor de renunciar a nuestras formas y estructuras favoritas, pero innecesarias, responderemos a las verdaderas necesidades pastorales de la Iglesia. \u00c9ste es el legado de san Clemente, \u00e9ste es nuestro llamado.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><strong>Autor:<\/strong> P. Jacek Dembek CSsR<br \/>\n<strong>Traducci\u00f3n:<\/strong> Carlos A. Diego Guti\u00e9rrez, CSsR<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La finalidad de la acci\u00f3n misionera \u2013 El hombre que nunca perdi\u00f3 la esperanza. 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