La obra de la evangelización. Discípulo: “Tocados por la Redención Copiosa”

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La obra de la evangelización. Discípulo:
“Tocados por la Redención Copiosa”

Dios actúa en el mundo aunque no lo percibimos. Queremos presentaros unos testimonios de personas que vivieron la experiencia de la Redención Copiosa por medio de servicio de los redentoristas. Y aunque provienen de países diferentes, de culturas distintas, son evidencia que sí: Dios actúa, que Dios hace maravillas y que Dios convierte la vida de ser humano.

Testimonio de Ewelina

Timoteo: Cuéntame, ¿cómo era tu vida hace unos años respecto a la fe en Dios?

Ewelina: La fe ha estado en mí desde el mismo principio, pero pienso que estaba tan profundamente enterrada que no me interesaba ni ir a la iglesia. Yo estaba incluso “en contra”. Por supuesto, había momentos en los cuales tenía que asistir, por ejemplo: funerales, festividades… pero todo por compromisos religiosos y tradición. No fueron experiencias profundas, para nada.

Timoteo: Y ahora, ¿es diferente?

Ewelina: Sí.

Timoteo: ¿Puedes explicar por qué es “diferente”?

Ewelina: ¡Ahora soy todo lo contrario! Voy a la iglesia cada domingo, cada festividad, hago el signo de la cruz antes de comer (algo que antes para mí era impensable). Soy totalmente diferente.

Timoteo: ¿Puedes contar cómo contribuyeron los redentoristas a todo ello?

Ewelina: Pienso que en gran manera. Generalmente, no me imagino todo esto sin los redentoristas, hasta tal punto de que no quiero ni pensar en ir a misa a otra iglesia.

Timoteo: ¿Por qué?

Ewelina: No sé. Los sermones… La actitud que tienen con la gente, la franqueza y la sensación de que, pase lo que pase, ellos siempre están cerca.

Timoteo: ¿Recuerdas algún acontecimiento de tu vida en el que los redentoristas tuvieran algo que ver?

Ewelina: El primer encuentro con un redentorista lo recuerdo hasta hoy día. Fue hace 20 años durante una de las visitas tradicionales de los curas a las casas por Navidad. Volvía a casa en autobús, sin billete, y me pusieron una multa. Durante estas visitas, el cura recibió unos donativos en sobres. Mi madre, por supuesto, le contó toda la historia y que me habían puesto una multa…  El cura dijo que ni por asomo cogería el sobre. Sacó dinero de los sobres que había recibido antes y me lo dio para que pagase la multa. Me dijo que, a cambio, simplemente quería verme en la iglesia el domingo. Este fue el primer encuentro con un hombre así de normal.

Timoteo: ¿Y puedes decir cómo contribuyeron los redentoristas a este último cambio en tu vida?

Ewelina: Creo que también me ayuda el haberlos conocido más íntimamente, a nivel de amistad. Pero no sólo esto. Me ayudan mucho sus homilías. No siempre entiendo todo, pero las homilías aclaran mucho. Esto es un plus muy grande a su favor. Me gusta mucho ir a las oraciones que organizan, porque allí experimenté algo por primera vez… Tenía la sensación de que había algo, porque estaba sentada en el banco y se me saltaban las lágrimas. No imaginaba que yo pudiera ser así.   

 

El testimonio de Juan

Hola, mi nombre es Juan Jiménez García, tengo 17 años y actualmente estoy estudiando bachillerato científico, para después realizar una carrera de ingenierías. Y bueno, os voy a contar mi experiencia sobre los misioneros redentoristas y cómo ha sido mi trato hasta el día de hoy con ellos. 

Cuando era pequeño, no me gustaba mucho ir a la iglesia, ya que las misas eran un poco aburridas, entonces, claro, mi abuela me decía de ir todos los domingos: “vamos a la Iglesia, que va a ser agradable…”, y no me gustaba. Pero llegó el momento de la comunión y a mi abuela le hacía mucha ilusión que yo la tomase; entonces, justo fue en el periodo de cambio, en el que entraron los misioneros redentoristas a mi parroquia y la catequesis se me hizo muy amena con ellos, me gustaba venir; las misas se me hacían muy amenas, era muy divertido… porque teníamos un párroco que se llamaba Antonio, que daba las misas muy amenas y nos encantaba venir al grupo de mis amigos y a mí. Entonces, empecé a venir poco a poco. 

Más tarde, tuve un tiempo en que dejé Scouts, y la Iglesia un poco apartada de mi vida, ya que había tenido un periodo de mi vida que no estaba muy seguro con lo que sentía, con lo que sentía hacia Dios y, entonces, decidí cortarlo. Con el tiempo empecé a echarlo de menos y un amigo, en Fallas, me dijo de ir al Espino. Hablé con Carlos Galán, mi párroco, que es misionero redentorista y le propuse si me dejaba ir al Espino. Me dijo que estaría encantado de que yo fuese al Espino y probase la experiencia. Estando allí, en una de las reflexiones que solíamos hacer, tuve un momento en el que sentí un poco de miedo, pero, a la vez, fue un miedo un poco agradable, es una sensación rara, porque noté como una presencia (y yo estaba reflexionando solo). Y me sentí muy agradablemente por dentro, porque pude hablar con Él y sentí que me estaba llamando a volver a Scouts, a retomar esta vida con la Iglesia… Y poco a poco volví y volví al grupo de jóvenes. Me he propuesto realizar la confirmación y hasta el día de hoy este es mi día a día con la Iglesia y… ¡hasta luego!

 

El testimonio de Alejandra

¡Hola! Me llamo Olena y tengo veintiún años. Estudio en la facultad de derecho en la Universidad de Leópolis. Pronto acabaré el máster. De niña me crie en una familia muy creyente con bellas tradiciones cristianas. A mí me parecía tener una vida maravillosa llena de felicidad; sin embargo, más tarde comprendí que se trataba sólo de una ilusión. Desde que era niña pertenecía a la parroquia de san Josafat en Leópolis, que llevan los Redentoristas. No obstante, nunca supe qué significaba la palabra “redentorista” y no sabía qué era eso de ser “cristiano practicante”.

Mi relación con los redentoristas empezó en el grupo de jóvenes de la parroquia. Antes de haber asistido al primer encuentro de este grupo, fui cada día a misa durante casi medio año. Me preguntaba qué es lo que me animaba a participar en la liturgia diariamente. Pasaban los años y seguía sin saber cuál era el motivo. Sin embargo sé con seguridad quién me llevó por este camino. Él me indicó solamente el camino y lo demás vino por sí solo: la confesión frecuente, la Eucaristía diaria, la lectura de la Biblia y de los libros de espiritualidad. Cuando viví la experiencia del amor de Jesucristo, a la luz de su vida vi que mi propia vida, tal como la llevaba hasta ahora, no tenía mucho sentido. 

En la infancia viví muchos momentos felices: por ejemplo, viajes, pero todo esto se daba sin Jesús y sin el sentido de su amor. La felicidad verdadera está donde está Jesús y el amor verdadero es el amor de Jesucristo. Gracias a los redentoristas, por primera vez experimenté qué son los retiros, las oraciones y los festivales de jóvenes. Recibí mi primer rosario como regalo de un padre redentorista y justo con él recé esta oración por primera vez. Gracias al compromiso de este religioso comenzamos en nuestra parroquia el grupo “Fe y Luz”, en el cual ayudamos a niños discapacitados. Doy gracias a Dios por la oportunidad de este servicio. Tras conocer mejor la congregación, pienso que en verdad he recibido una gran familia. Puedo entrar a cualquier iglesia redentorista y sentirme como en mi casa. Estuve en todos los lugares donde trabajan los redentoristas en Ucrania y, si no fuera miembro de la comunidad redentorista, estoy convencida de que nunca en la vida habría visitado estos lugares.

Fueron los redentoristas los que me dieron a mis amigos. Si alguien me hubiera dicho que llegaría a ser amiga de un sacerdote o una monja, me habría reído de él o me habría aterrorizado esa perspectiva. Sin embargo, esto es para mí realmente una experiencia grande y preciosa. La gente que conocí por medio de esta comunidad me cambió, y me faltan palabras para expresar mi gratitud por esos amigos. Gracias a los redentoristas y a las personas relacionadas con ellos, un día en la fiesta parroquial de una de las iglesias de los redentoristas, conocí a mi novio y, dos años después, en otra iglesia que pertenece a la congregación, nos prometimos. En poco tiempo seré su esposa y nos casaremos en la iglesia en la cual me enteré de quiénes son los redentoristas, en la cual viví el amor de Jesús y en la cual llegué a ser testigo de su gran Redención. No me imagino quién sería ahora si un día el Espíritu Santo no me hubiera llevado por este camino. Sin embargo, pienso que no tiene sentido pensar en esto, porque el plan de Dios, y la Providencia, es de lo más bonito que me puede pasar. 

 

Autores: P. Timoteo Macioszek CSsR; Ewelina Kowalczyk,
Juan Jiménez García, Olena Vasylyna
Traductor: Hubert Starzycki CSsR

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